Lo fundamental y lo accesorio en la gestión de residuos

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Sobre el blog

Juan Mateo Horrach
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor. Profesor asociado UIB.
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En Mallorca, lugar desde donde escribimos este artículo, solamente en residuos sólidos urbanos resultantes de las actividades llevadas a cabo en domicilios particulares, empresas comerciales, hostelería, restauración y vía pública, se generan un número desconocido de toneladas de residuos, mientras que se recogen por los servicios de recogida cerca de 600.000 toneladas. Y ahí precisamente está el origen del objeto del presente artículo. En esa diferencia entre lo que se genera y lo que se recoge, puesto que dicha diferencia acaba en los lugares más insospechados, como torrentes, bosques, periferia de las ciudades y pueblos de nuestra isla. Sin menospreciar la gran importancia que tiene la reducción en origen de los residuos.

Centrándonos en la recogida de los residuos sólidos urbanos, cabe recordar que está encomendada a las entidades locales; ayuntamientos y mancomunidades, que la llevan a cabo mediante diversos modelos de gestión; directamente con personal del ayuntamiento, mediante empresas públicas municipales o similares, o bien mediante contratos de gestión de servicios con empresas privadas.

Asimismo, se aplican diversos modelos de recogida. En Mallorca, especialmente en los núcleos más rurales, se está desarrollando cada vez más el modelo de recogida “puerta a puerta”, a costa del sistema de recogida mediante contenedores dispuestos en las calles. Dicho sistema elimina los contenedores y procede a una recogida domiciliaria y separada de diversos flujos de residuos, con un calendario semanal de recogida. Mientras tanto, en los pueblos más importantes y en Palma, sigue fundamentalmente implantado el sistema de contenedores, con más o menos hincapié en la recogida selectiva. Esto es, sistema de contenedores diferenciados para diversos flujos de residuos (vidrio, papel y cartón, envases, materia orgánica, ropa usada, aceite vegetal usado…), lo que permite, de la misma forma que la recogida puerta a puerta, un posterior tratamiento diferenciado de dichos flujos recogidos separadamente.

Debemos pensar en sistemas de recogida que faciliten lo mejor posible la tarea de entrega de los residuos generados por la ciudadanía a los servicios municipales

También de suma importancia es la presencia de los conocidos “puntos verdes” o deixallerías, de responsabilidad municipal, y consistentes en instalaciones debidamente acondicionadas para permitir a la población particular el depósito de residuos que por sus características físicas o químicas, no deberían ser depositados en el sistema de recogida general.

Finalmente, los residuos generados en empresas y de tipología especial, distinta de los llamados urbanos, deben ser gestionados por empresas debidamente autorizadas para ello.

Todo este sistema, a veces muy complejo en su funcionamiento diario, debería estar encaminado a conseguir que esa diferencia que citábamos al principio, entre generación y recogida, sea la menor posible. No obstante, cualquiera que lo desee puede comprobar, dando una vuelta por los alrededores de su ciudad o pueblo, que esa diferencia es, cuando menos, apreciable.

Y es de nuestra opinión, que ahí reside la gran diferencia; más que cualquier otro aspecto de la gestión de residuos.

Gastamos grandes cantidades de energía en estudiar cada uno de los posibles sistemas de tratamiento, en su comparación con sistemas de tratamiento alternativos, en valoraciones ambientales, estudios económicos y muchos otros enfoques. Y, por supuesto, no lo criticamos. Todo lo contrario. Constituye una riqueza documental que permite a las personas que estamos involucradas en el sector, tomar decisiones o proponer alternativas con mayor fundamento.

Pero no deberíamos perder la perspectiva. Lo que realmente impacta negativamente sobre el medio ambiente es el vertido incontrolado de residuos, fuera del circuito establecido para su gestión y tratamiento.

Los residuos generados en empresas y de tipología especial deben ser gestionados por empresas debidamente autorizadas para ello

Últimamente se habla mucho de los plásticos lanzados al mar. También hemos podido ver este verano como las lluvias intensas ponían al descubierto residuos de lo más variado, que estaban depositados en nuestros torrentes y vaguadas, acabando en el mar. Pero ello es solamente una parte pequeña del problema. Ingentes cantidades de residuos de todo tipo acaban fuera del circuito organizado, constituyendo potenciales peligros para la naturaleza, el medio ambiente y la salud de las personas. Un correcto análisis coste-beneficio nos debería llevar a priorizar los esfuerzos en la reducción del gap entre lo generado y lo recogido. Y, francamente, no tenemos la impresión de que sea así. Nos perdemos en disquisiciones, claramente politizadas, sobre alternativas de recogida o tratamiento, cuando las diferencias entre una y otra son mucho menores que las diferencias entre recoger o no recoger.

¿Y cuáles son las razones que llevan a vertidos descontrolados? Fundamentalmente, es una cuestión de voluntad individual, pero no podemos quedarnos solamente con eso. También debemos pensar en sistemas de recogida que faciliten lo mejor posible la tarea de entrega de los residuos generados por la ciudadanía a los servicios municipales, aunque ello implique la aplicación de modelos más simples.

No podemos partir de la hipótesis de que la mayor parte de la ciudadanía son expertos en residuos, o con una gran conciencia ambiental y con tiempo disponible para dedicarlo diariamente a organizar minuciosamente sus entregas, o el tratamiento en sus domicilios de la materia orgánica. Por lo tanto, la implantación de sistemas de recogida muy sofisticados, que exigen gran implicación de la ciudadanía, pueden dar lugar a resultados contrarios a sus objetivos y expectativas.

Naturalmente, para conseguir personas cuya voluntad sea proclive al cumplimiento de las ordenanzas de residuos, es necesaria una gran inversión en información, especialmente a los más jóvenes. Tampoco podemos despreciar los incentivos económicos, en forma de menores costes para aquellos domicilios que lleven correctamente a cabo sus obligaciones. Todo ello, se vislumbra como una inversión a medio y largo plazo, que cuanto antes la organicemos e impulsemos, antes alcanzaremos los resultados.

Es preciso complementar lo anterior con un gran esfuerzo en vigilancia, control y sanción de los comportamientos incívicos de una parte de la ciudadanía.

Pero todo ello requiere de una premisa previa y fundamental; que la administración a su más alto nivel considere que el vertido incontrolado de residuos es un problema de primera magnitud en nuestra sociedad.

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