Escorias recicladas en el Puerto de Palma

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Sobre el blog

Juan Mateo Horrach
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor. Profesor asociado UIB.
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Recientemente, el puerto de Palma de Mallorca inició el proyecto de ampliación de uno de sus diques utilizando para relleno escorias de incineración tratadas previamente en planta de recuperación de escorias, sita en el propio complejo de tratamiento de residuos de Mallorca y aneja a la planta incineradora con recuperación de energía, en sustitución de áridos naturales. Se trata del primer proyecto en el que se utilizan escorias tratadas por parte de la Autoridad Portuaria de las Islas Baleares, y podría dar lugar a su uso en otros proyectos futuros, con el consiguiente ahorro en extracción de áridos naturales.

Al poco tiempo, surgieron voces denunciando esa actuación, indicando que suponía un vertido de residuos tóxicos y atribuyendo la presencia de restos de plásticos y otros residuos en aguas del puerto al uso de la escoria reciclada.

La presión mediática forzó a la apertura de un expediente a Autoridad Portuaria y a Tirme, empresa concesionaria de la gestión de los residuos urbanos en Mallorca, por parte de la Consellería de Medio ambiente del Govern de les Illes Balears, no resuelto a día de hoy, así como a la paralización preventiva del proyecto.

Asimismo, recientemente, se ha anunciado por parte de un partido político, la denuncia ante la Unión Europea del proyecto.

A una planta de incineración con recuperación energética como la de Son Reus, Mallorca, entran los residuos municipales recogidos previamente y que no pueden tratarse para su reutilización o reciclado. En el caso de Mallorca, entran fundamentalmente residuos recogidos en masa de todos los municipios de la isla. Esos residuos figuran en la lista de la U.E. con la clasificación de “no peligrosos”.

En Mallorca, la división competencial establece que el Consell planifica y gestiona los residuos no peligrosos, mientras que el Govern se ocupa de aquellos que son peligrosos.

La normativa europea clasifica los residuos en tres tipos; inertes, no peligrosos y peligrosos. Esta clasificación va en función de los efectos que pueden tener los residuos sobre las personas y el medio ambiente. Asimismo, la normativa establece los criterios para determinar en qué categoría de las tres se debe clasificar un residuo, y tiene establecido un listado bastante exhaustivo de substancias u objetos clasificados por cada categoría.

Los residuos que se tratan en Son Reus, son genéricamente no peligrosos, porque así se establece en la normativa europea.

No obstante, es sabido que en los contenedores de recogida se depositan residuos no previstos inicialmente, y que además figuran en la lista de peligrosos, como pilas, fluorescentes, pinturas y un largo etcétera. Ello es así porque, bien por desconocimiento, bien por dejadez, se hace un uso indebido del sistema.

Como ello es conocido, y ocurre en todo el mundo en mayor o menor medida, las plantas de incineración de residuos urbanos deben superar normas de control muy estrictas.

Una vez los residuos han sido sometidos al proceso de incineración, se generan: 1) gases, previamente tratados y ajustados a los requisitos de emisión, 2) cenizas, que son los restos recogidos en los filtros y sistemas de tratamiento de los gases de combustión, 3) agua residual, que se utiliza en el lavado de los gases y también en el sistema de generación eléctrica, 4) escorias, que son los restos no quemados del proceso de combustión que quedan en el fondo del horno, y 5) energía eléctrica producida en la propia planta.

Los gases, una vez tratados, van a la atmósfera, y presentan un grado de limpieza, que, en las mediciones periódicas llevadas a cabo en el entorno de Son Reus, suelen presentar valores mejores que en la mayor parte de entornos urbanos de la isla.

Las cenizas, recogidas del sistema de tratamiento de gases, figuran en la lista europea de residuos antes citada como peligrosas, y en Son Reus son sometidas a un proceso posterior de inertización, mezclándolas con cemento, y depositadas en el vertedero de seguridad que a tal efecto figura adyacente a la planta. No se utilizan en construcción, aunque la normativa permite su reciclaje bajo determinadas circunstancias (ver artículo 17 del vigente plan director de residuos no peligrosos de Mallorca).

El agua sobrante del proceso es reutilizada en la misma planta, o bien depurada hasta alcanzar los niveles de contaminación admisibles para su vertido a alcantarillado.

Las escorias tienen la categoría de residuo no peligroso, y pasan por una planta de tratamiento aneja a la incineradora y parte integrante del sistema, donde se someten a diversos procesos. La parte metálica se separa de la no metálica y se entrega a empresas de reciclado de metales, mientras que la no metálica se somete a tratamiento de triaje, afinado y maduración, generándose un material similar al árido, ya que buena parte de su contenido es procedente de residuos inertes depositados en los contenedores y que no son combustibles. Ese material se separa por tamaño de partícula para dar lugar a varios subproductos, susceptibles de utilizarse en usos diversos, previstos en el artículo 16 del vigente plan director de residuos no peligrosos de Mallorca.

Para ello, se procede a su certificación de uso a través de centros o empresas acreditadas, que someten periódicamente el material a diversos análisis y pruebas.

En el caso de Mallorca, esos materiales se utilizan para sub-bases de carreteras, habiendo sido homologados por el laboratorio de Carreteras del Consell tras un largo proceso de verificación, y utilizados en la construcción de varios tramos de autopista. Dicha actuación ha motivado un proyecto de seguimiento por parte del CEDEX, con unos primeros resultados, tras 3 años de implantación, presentados hace unos meses, muy favorables. También se utilizan para la fabricación de cemento, rellenos en obras, vertederos y restauración de canteras.

Ese es el material que se ha utilizado para la obra del puerto de Palma, y que se utiliza frecuentemente en otras obras similares en los países europeos que también utilizan la incineración como sistema de tratamiento de residuos.

Por tanto, cabe señalar que, salvo error grave o imprudencia todavía más grave, en ningún caso se trataría de residuos peligrosos, que difícilmente pueden contener grandes restos de plástico, dado el elevado poder calorífico y la facilidad para combustionar que tienen estos, además del proceso de selección previa que tiene lugar en la planta de escorias.

Por otra parte, el proyecto de construcción del dique aprobado por Autoridad Portuaria, debe contener y contiene todas las medidas correctoras que garanticen la minimización de impactos y la correspondiente justificación técnica, económica y ambiental de los materiales propuestos para su uso en la obra.

Asimismo, la dirección facultativa de las obras debe velar por el adecuado desarrollo del proyecto, y si es preciso, proponer las modificaciones del mismo que se requieran para su buen fin. No nos cabe ninguna duda de que así ha sido.

En resumen; estamos ante una actividad habitual en otros lugares, que entra de lleno en el proceso de reciclaje de los materiales generados en el tratamiento de residuos, muy en sintonía con lo que conocemos como economía circular. Todo ello sin perder de vista que los más interesados en que ese proyecto sea exitoso, son los propios protagonistas del mismo; Autoridad Portuaria y Concesionario del Consell de Mallorca para la gestión de los residuos urbanos.

Cierto es que el principio de precaución es un principio fundamental en gestión ambiental. pero en este caso, el proyecto viene avalado por las certificaciones de organismos oficiales, así como el reiterado uso en otras actividades, sin ningún efecto negativo constatado, y con un efecto positivo cierto: el ahorro de extracciones de áridos naturales.

Si queremos que la economía avance en la circularidad, tan unánimemente glosada en la actualidad, no parece la línea más indicada la tomada por el Govern de les Illes Balears y las entidades denunciantes.

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